EL MALEVO
Yo no atrancaba la puerta
de mi rancho, ni durmiendo,
pa’ que?, si al lao de ajuera,
por malo que juese el tiempo
la enrrejaba de colmillos,
el coraje de mi perro,
cimarrón, medio atigrau.
Lo hallé perdido en la cierras,
boqueando de agusanau,
malo!!, como manga e piedras,
tuve que traerlo enlazau,
pa curarle las bicheras,
y ahí se quedo aquerenciau,
compañero de horas lerdas.
Troteando abajo el estribo,
ni calculaba las leguas,
y en donde aflojaba cincha,
se echaba a cuidar mis priendas.
Eso si! muy delicau,
manosearlo, ni le cuento,
se ponía de ojo estraviau,
y se le erizaba el pelo,
con que tenia ¡bien! ganau,
su apelativo: "El malevo".
Que animal capacitau,
pa’l trabajo en campo abierto,
había que verlo al mentau,
trajinando en un rodeo;
de ser cristiano, clavau,
era doctor ese perro
Yo a hechar tropilla al corral,
le chiflaba entre los dedos,
y embretau en el chiflido,
me los tráiba crin al viento,
y era un abrojo priendido,
a los garrones del trueno
Una vez, bandeando tropa,
con mucha agua en el rio negro,
caí quebrau de un apretón,
entre un remolino e cuernos,
entre un remolino e cuernos,
y me ganó la mollera,
la oscuridá, y el silencio.
Cuando volví abrir los ojos,
cruzaba una nube el cielo,
gemidos y lambetazos,
llegaban como de lejos,
llegaban como de lejos,
redepente compriendí,
medio me senté en el suelo,
medio me senté en el suelo,
para entregarle las gracias:
¡HERMANO!, de esta te quedo debiendo,
no me halla ni el pan bendito,
si no me sacás malevo;
y una inmensa gratitud
se me atracó en el garguero.
Bueno la cosa pasó,
yo dentré pa’l casamiento,
hice el horno, la cocina,
mi rancho estiró un alero,
y en su chúcara clinera,
charqueó el arrorró y el rezo.
A los dos años, gateaba
mi gurí sobre un pelero,
o andaba po el guardapatio,
priendiu a la cruz del perro
aah¡ por que él me le sacó,
las cosquillas al malevo;
lo habrá tomao por cachorro
de su cría el pendenciero.
Le soportaba imprudencias,
se priestaba pa’ sus juegos,
y ande amenazaba a caerse,
se le echaba bajo el cuerpo.
La cosa fue tan de golpe,
que hasta me parece cuento,
fue después de un medio día,
como pa’ fines de enero.
Yo me había echao en el catre
pa’ descabezar un sueño,
pa’ descabezar un sueño,
la patrona, trajinaba,
proseando con el borrego,
Y UN¡ redepente aquel grito
como de terror: !!ROSENDOO¡¡
y ya me pelé pa’l patio,
manoteando un caronero*
Ella estaba contra el horno
tartamudeando en silencio,
tenia el gurisito alzau,
tembloroso contra el pecho,
y avanzando agazapau,
como una fiera, MI PERRO.
Enseñaba unos colmillos
como puñales; los pelos,
como puñales; los pelos,
se le habían puesto de un modo
que costaba conocerlo,
y en las brasas de sus ojos,
y en las brasas de sus ojos,
se habían quemao los recuerdos.
De un salto me le puse en frente,
le pegué le grito: !!MALEVO¡¡
le vi soltar una baba,
! Está rabioso Rosendo¡
No te me acerqués hermano,
no te me acerqués,
hermano hecha pa tras,
hechá pa tras !!JUERA PERRO¡¡.
Redepente me saltó
ladeé pa un costado el cuerpo
ladeé pa un costado el cuerpo
y sentí como que la mano
e topaba contra el pecho
y cayó; casi sin ruido,
como una jerga en el suelo.
Cuando lo miré, los ojos
se le habían puesto muy güenos
como dándome las gracias
se le acortaba el resuello
Se arrastró, lamió mis pieses
y me brotó un lagrimeo
no tenia pa elegir,
HERMANO, tabas enfermo,
fue po’ el cachorro sabés,
de no, no lo hubiera hecho,
meneó la cola una vez,
dos veces, y quedó muerto.
Por eso, es que desde entonces,
no me gusta tener perro,
y cuando voy de a caballo,
me parece que lo siento,
seguir abajo el estribo,
trote y trote por el tiempo.
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